No somos tan frágiles

Tenemos el concepto (aprendido) de nosotros mismos de que somos frágiles, cuando la realidad es que somos bastante resilientes. Es más, somos antifrágiles.

¿A qué me refiero con que nos consideramos «frágiles»?

Pues que pensamos que un «mal gesto», una «mala postura» o, incluso, «hacer un ejercicio mal», puede crearnos un daño permanente o importante en el cuerpo.
Cualquier molestia o dolor nos parece una señal de que nos hemos hecho daño. Aunque el dolor y el daño no estén tan relacionados como pensamos.

Que es peligroso que un niño se suba a un árbol, que nos dé el sol o comer según qué alimentos.

Que es malo llevar calzado totalmente plano, hacer una sentadilla profunda o en la que las rodillas pasen la punta de los pies.
Pero, ¿existe el ejercicio o la postura correcta?

Que nuestro cuerpo está continuamente «roto» y que tenemos que ayudarlo, porque «no es normal» tener dolor, inflamación o fiebre.
Pero, ¿son estos errores del sistema o reacciones naturales al entorno?

Pero todas esas creencias son falsas y están basadas en miedo, no en lo que dice nuestra biología.

Nuestro cuerpo aguanta mucho y prueba de ello es que es capaz de llevar razonablemente bien desde una dieta atroz con excesos de todo tipo (alcohol, tabaco y otras drogas) durante muchos años, hasta correr durante varios días seguidos.

Cualquiera que haya hecho una clase de Crossfit o una maratón, sabrá que somos realmente mucho más resistentes de lo que pensamos.

 

Eso sí, que nuestro cuerpo sea capaz de aguantar malas dietas, poca o demasiada actividad física, golpes, caídas, ayunos prolongados, etc, no quiere decir que sea lo mejor.

Simplemente que no somos tan frágiles.

 

¿Qué es eso de resiliente o «antifrágil»?

Resiliencia podría definirse como la capacidad de una persona u organismo de sobreponerse a una catástrofe.

En nuestro caso podríamos hablar de nuestra capacidad de recuperarnos de una lesión o enfermedad.

Si no hubiéramos sido buenos en esto (como especie), se hubiera extinguido la humanidad en la época en la que aún no teníamos medicinas y en la que la vida era mucho más peligrosa.

 

Afortunadamente tenemos la medicina y la ventajas de la vida moderna, así que no corremos tantos peligros. Pero nuestra biología no ha cambiado casi desde aquella época, así que no hay razones para pensar que no somos tan resilientes.

 

Antifrágil es un concepto que inventó Nassim Taleb, que viene a describir la capacidad de mejorar con los estresores.

Un estresor es todo aquello que perturba el equilibrio de un sistema u organismo.

 

Por ejemplo, aumento o disminución de temperatura, de acidez, de presión, de tensiones mecánicas, etc.

Portada del libro Antifrágil

Como explica Taleb en su libro «Antifrágil: Las cosas que se benefician del desorden», si aplicamos estresores a algún elemento mecánico, tenderá a estropearse con el tiempo (es frágil).
Por ejemplo, golpes, cambios de temperatura en algo mecánico.

Para un organismo biológico, esos estresores (si no son excesivos), producen cambios, adaptaciones, que hacen que no sólo no se estropeen o se arreglen (resiliencia), sino que sean mejores (antifrágil).

Los organismos biológicos se mejoran con el estrés.

 

Pues bien, así es el cuerpo humano. Si le damos al cuerpo los estresores adecuados en las dosis adecuadas, no sólo no nos rompemos, sino que nos hacemos más fuertes frente a dichos estresores.

Y aquí podemos meter desde el músculo que se adapta al estrés del ejercicio, como nuestra capacidad de soportar el frío, el calor o el miedo a hablar en público.

Al final se trata de tener una exposición gradual a los estresores, para provocar adaptaciones.

 

¿Y por qué nos sentimos tan frágiles?

Pues porque evitamos exponernos a estresores.

Nos ponemos plantillas cuando nuestro pie no es lo suficientemente fuerte para sujetar nuestro peso.

Tenemos una pastilla o solución ortopédica para cualquier cosa incómoda.

 

Nos lanzamos a tomar analgésicos, antiinflamatorios, nos operamos de cosas que no era necesario operarse, ponemos plantillas, sillas y teclados ergonómicos, muñequeras, rodilleras, tobilleras, bastones para caminar… antes si quiera de que algo de eso haga falta.

La inflamación y el dolor son importantísimos para el cuerpo. Si los anulamos continuamente, alguna otra cosa empezará a ir mal.

Si no nos exponemos a aquellas cosas que nos resultan incómodas, nunca seremos capaces de soportarlas y mejorar.

 

Eso sí, de forma progresiva y dando tiempo al cuerpo para que se adapte.

No debemos pasar de ser inactivos totales a correr 10 kilómetros el primer día.
Igual que no podemos pasar todo el año sin que nos de el sol en la piel y pegarnos 5 o 6 horas al sol en la playa, el primer día de vacaciones.

En ambos casos el estrés será mayor de lo que puede soportar el cuerpo y no conseguiremos adaptación.

 

Una experiencia personal

En este artículo comento cómo teniendo veintipocos años, tuve muchas lesiones y mi rodilla me acabó dando problemas durante muchos años.

Mi rodilla mala

La cosa es que los mensajes que me daban los médicos eran el tipo de mensajes que comento en este artículo que se suelen dar. Y son totalmente contraproducentes para alguien que tiene una lesión o dolor:

¿Reposo para el dolor o lesiones?

 

Básicamente tenía una «rodilla mala» y no había mucho más que hacer.

 

Pero, como hemos visto, somos «antifrágiles» y nos adaptamos continuamente a nuestro entorno.

El problema de decirle a alguien que tiene una patología, lesión o enfermedad y decirle que a partir de ahora «es lo que hay». Es que la persona se lo cree y se convierte en esa patología, lesión o enfermedad.

Así que no ve posible salir de ahí, porque es su nuevo yo. Se empieza a autolimitar y reduce sus posibilidades de mejorar o de tener una vida normal.

Y como comento en el artículo, lo que a mis 22 años eran mi rodilla mala (que me dolía si caminaba o me sentaba durante mucho tiempo), mi hombro malo (que se me salía), a mis 39 años funcionan mucho mejor.

Más fuertes, más estables y más móviles.

 

Así que no, no somos tan frágiles y siempre podemos adaptarnos y mejorar.

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