Dolores musculares y tensión residual

En este artículo (Aprender a relajar para moverse mejor) explicaba cómo es más fácil tensar un músculo (o conjunto de fibras musculares) que relajarlo. Y también hablaba del concepto de «tensión residual».

Hoy quería hablar un poco más de este último porque suele responsable de muchos dolores típicos de la vida moderna.

La tensión residual es el resultado de tensar músculos sobre los que no tenemos mucho control, o lo que es lo mismo, que pertenecen a una «zona borrosa» del mapa mental de nuestro cuerpo, y que estos no se vuelvan a relajar.

Cuando tenemos una zona del cuerpo «borrosa» en nuestro mapa mental nos cuesta dar señales concretas a músculos o fibras musculares concretas. Así que nuestro cerebro manda la señal de contraer a toda la zona, esperando lo mejor.

Una región en la que tiende a pasar esto es la formada por el cuello (vertebras cervicales), hombro (articulaciones entre el húmero, la clavícula y la escápula) y parte alta de la espalda (vértebras torácicas).

Músculos del cuello

Músculos del cuello.
Fuente: Wikipedia

Músculos de la espalda

Músculos de la espalda.
Fuente: Wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada una de esas 3 sub-regiones tiene una cantidad importante de movimientos y músculos diferentes.

Pero el hecho de no realizar esos movimientos independientes con regularidad (o, mejor dicho, casi nunca) hace que nuestro cerebro trate esos conjuntos de músculos como si fueran un solo músculo.

Si no somos capaces de tensar de forma independiente dichos músculos, menos seremos capaces de relajarlos cuando ya no hagan falta.

 

Por eso nos encontramos con una tensión residual que va aumentando en cada nueva contracción del grupo muscular.

Pensemos en esa tensión en el cuello y hombros que hace que estos se vayan elevando, llegando a un momento en el que casi nos tocan las orejas, sin recordar muy bien cómo llegaron hasta ahí.

Es algo que, normalmente, si nos paramos y «soltamos» los hombros, bajan y vuelven a su sitio. Pero si no somos conscientes (o nadie nos lo dice) seguirán ahí durante horas. Aumentando la tensión cada vez que usemos algún músculos de esa zona.

Con el paso del tiempo esas tensiones se convierten en crónicas y nuestro cuerpo se adaptará (buscando la eficiencia) a esa nueva postura.
Además, esa tensión constante puede derivar en contracturas musculares y sus molestias asociadas.

¿Cómo podemos luchar contra esto?

Pues recuperando el control de cada uno de estos músculos.
Necesitamos mejorar y refinar el mapa de esa región.

Debemos aprender a contraer y a relajar cada uno de esos músculos por separado, para que así nuestro cerebro sepa cómo tensar sólo los músculos que necesite, mientras mantiene los otros relajados.

 

Sí, un buen masaje, técnicas de relajación, un baño caliente, estiramientos, etc, pueden mejorar la situación. Pero son un remedio temporal a los síntomas.

Si no mejoramos la representación de nuestro cerebro de esa región y el control de los diferentes músculos, la tensión volverá.

 

Y con ella, todos los problemas asociados.

Para ello, lo mejor es hacer movimientos, de forma controlada, en los que podamos aislar los distintos músculos para ir mejorando nuestra habilidad para contraer y relajar cada uno de ellos. Así como asociarlos a los movimientos concretos.

En el vídeo que sale en este artículo (Primer paso para mejorar la movilidad) salen algunos ejemplos de ejercicios que se pueden hacer en esta línea y algunos consejos a la hora de hacerlos.

Y en este otro (Controla tus escápulas) hablo también de esta necesidad de usar de forma aislada estos músculos y muestro un ejercicio.

Prueben estos ejercicios y exploren continuamente, buscando movimientos que no suelan hacer con la cabeza, cuello, hombros, escápulas.

 

Verán cómo va mejorando su mapa y con él su capacidad de controlar y relajar todos esos músculos 😉

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