¿Por qué el tendón fortalece antes que el músculo?

Hace tiempo publiqué este artículo en el que explicaba que no todos los tejidos se adaptan a la misma velocidad y cómo esa es una de las principales razones de lesiones cuando empezamos a practicar un deporte o a entrenar.

Y no sólo cuando empezamos, también más adelante. Sobre todo en actividades con movimientos repetitivos o que requieran hacer mucha fuerza.

Pero en el artículo no profundizo en el hecho en sí de por qué los tejidos se adaptan a distinta velocidad. Y creo que no está de más entender ese porqué, para que entiendan que no es algo aleatorio o un «error del sistema» (como estamos acostumbrados a pensar cuando nos encontramos con algún síntoma que no nos gusta).

Básicamente quiero explicar dos cuestiones:

  • ¿Qué provoca esa diferente velocidad de adaptación?
  • ¿Tiene algún sentido o utilidad?

¿Qué provoca esa diferente velocidad de adaptación?

Lo primero es entender cómo se produce adaptaciones en tejidos biológicos:

El tejido se compone de células y dependiendo del tejido y de la adaptación, ésta se producirá propiciando cambios en las células o creando nuevas células mejor adaptadas (eliminando las antiguas).

Ambos procesos son costosos para el organismo. Hace falta materia prima (nutrientes) y energía, tanto para modificar células, como para crear nuevas.

El cuerpo humano, la única forma que tiene de proveer de nutrientes y energía es a través de la sangre, así que tener acceso a suficiente sangre es fundamental para este proceso.

Ahí reside la mayor diferencia (metabólicamente hablando) entre el músculo y las fascias o tendones:

  • El músculo está lleno de vasos sanguíneos y tiene un acceso rápido y constante a la sangre.
  • Las fascias no tienen acceso directo al torrente sanguíneo (o muy poco), acceden a la sangre principalmente a través de los músculos u otros tejidos cercanos.

NOTA: Los tendones no son más que la unión de las distintas fascias que recubren los grupos de fibras musculares y el mismo músculo. Se agrupan todos formando una especie de «cuerda» que se une al hueso del que tirará el músculo.

Esto hace que tarden más en tener los recursos suficientes para producir cambios celulares y que dependan del uso que se le dé a los músculos cercanos para obtener más de esos recursos.

Por otro lado está el estímulo necesario para producir dichos cambios. El organismo no va a invertir tanta energía y nutrientes en hacer cambios, si no tiene un motivo de peso para hacerlo.
Pero los motivos para cambiar un músculo no serán los mismos que para la fascia. Eso tiene que ver con la siguiente pregunta.

¿Tiene algún sentido o utilidad?

, lo tiene.

Una de las funciones principales de las fascias es hacer de sostén y dar forma al cuerpo. Sin ellas, seríamos un amasijo de huesos, órganos y músculos.

Sabiendo eso no debería sorprendernos que las fascias tarden en adaptarse a un estímulo externo. Si no fuera así, cada vez que nos sentamos, nos apoyamos en algo o pasamos mucho tiempo en una postura, estaríamos modificando nuestra «forma básica».

Sería como si fuéramos de plastilina.

elefante-plastilina

 

Aparte, si cada vez que el músculo tira de un tendón, éste se adapta (aunque sea un poco) al tirón, poco moverá al final el hueso.

Es como cambiar el cable de acero de una grúa por una cuerda de escalada.

grua

Tirar, tirárá, pero en cada tirón se perderá energía al elongarse la cuerda, será poco eficiente y la cuerda tardará poco en ser demasiado larga.

En cambio, el músculo tiene la función de generar fuerza y movimiento. No necesita ser tan rígido o mantener una forma o estructura.

Además, nuestra capacidad de movernos de diferentes formas e intensidades nos hace adaptarnos mejor a nuestro entorno y nos ayuda a sobrevivir.
Y dado que los responsables de ese movimiento son los músculos, tiene sentido que éstos puedan adaptarse más rápido a los cambios de necesidades del entorno.

Entender estos conceptos creo que nos ayuda a darnos cuenta de que las cosas no pasan por que sí, que las lesiones y enfermedades son NO son el resultado de un fallo de nuestro organismo, sino que los organismos biológicos se adaptan a los estímulos de su entorno por razones concretas.

Si entendemos esas razones, podremos evitar lesiones, enfermedades o acelerar la recuperación.

Por ejemplo, ya sabemos que los tendones y fascias tardan más en fortalecerse que los músculos y que un músculo fuerte tirando de un tendón débil es una receta perfecta para una lesión, así que parece buena idea centrarnos primero en fortalecer los tejidos conectivos, antes de darle caña a los músculos.

También sabemos que lo que produce la regeneración celular es (aparte del estímulo externo) que haya energía y nutrientes en la zona, es decir, sangre.

Si tenemos lesionado un tendón (o un ligamento), la manera que tenemos de hacer llegar sangre (aparte de la inflamación) es a través de los músculos. Así que el movimiento de esos músculos es lo que llevará más sangre a los tejidos dañados y acelerará el proceso de recuperación.

Evidentemente el movimiento no debe tener la intensidad que haga que se siga creando un daño, pero debe haber movimiento.

Y como esto hay muchas más conclusiones que se pueden sacar de conocer un poco mejor cómo funciona nuestro cuerpo y que nos pueden ayudar en el día a día.

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