Frenar con los ligamentos

El sistema locomotor (el conjunto de huesos, músculos, tendones, ligamentos y demás tejidos que nos permiten movernos o mantener una postura) tiene, básicamente, dos formas de frenar el movimiento:

  • Pasiva
  • Activa

Con frenar el movimiento me refiero también a mantener una postura, ya que si no frenáramos el movimiento, la gravedad nos movería hacía el suelo.

Para entender mejor esos dos sistemas, podemos usar la analogía de un coche.

coche_ligamento

Tenemos por un lado el sistema activo para frenar el movimiento. En el coche tendríamos el freno de motor y el freno.

En el cuerpo tenemos los músculos y tendones.

En ambos casos se reduce la velocidad de forma activa y se puede reducir total o parcialmente. Puede (y suele) ser progresivo.

En cambio el sistema pasivo del coche sería el parachoches y podríamos incluir el cinturón de seguridad. El cinto no frena el coche, pero frena al conductor y es una medida de protección.
En el cuerpo tendríamos (principalmente) los huesos y los ligamentos. Los huesos evitarían nuestro movimiento hacia el suelo debido a la gravedad, pero también hacen de «tope» en las articulaciones cuando choca hueso con hueso.

Los ligamentos son los que se encargan de hacer de «tope» natural en aquellas articulaciones en las que el hueso podría «escapar» de la articulación en alguna posición.
Lo que viene siento una luxación.

El símil no es perfecto, pero cumple su función para lo que quiero explicar.

¿Qué pasaría si cada vez que quisiéramos frenar un coche lo hiciéramos chocando el coche contra la pared?

Si no reducimos velocidad con el motor, ni usamos el freno, terminaríamos con el coche en el taller cada 2 por 3 o tendríamos que comprar otro en poco tiempo.
Ni que decir tiene que el impacto del cinturón de seguridad en nuestro cuerpo después de cada frenada, no sería nada agradable

Pues eso lo hacemos constantemente con nuestro cuerpo.

Mantenemos la postura sin tensión muscular alguna y buscando la postura en que algo nos frene mecánicamente: apoyando hueso con hueso o, peor aún, apoyando todo el peso en los ligamentos.

Lo hacemos al sentarnos, al estar de pie, pero también al apoyar las manos e, incluso cuando caminamos o corremos.

Piensen en las posturas que suele ponen cada día y que nos resultan cómodas y verán que son posturas en las que quitamos totalmente la tensión muscular y dejamos que los huesos y ligamentos frenen la caída.

Está claro que son posiciones más descansadas, pero estamos generando un estrés constante en unos tejidos cuya función es ser el «último recurso».

Además, como hemos habado muchas veces, el problema no es que una postura canse, sino que debemos cambiar constantemente de postura. Curiosamente, cambiar constantemente de postura cansa menos que estar en una posición fija.

Así que si quieren evitar lesiones, usen más sus músculos para controlar sus articulaciones y eviten dejar el trabajo pesado a sus ligamentos 😉

Evitarán muchos problemas si su pie es fuerte y mantiene una tensión mínima para sostener sus arcos naturales, que si está totalmente relajado y depende enteramente de los ligamentos.

La segunda opción es la que lleva a esguinces y roturas de ligamentos. Y lo miramos de esta perspectiva, no debería sorprendernos 😉

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2 comentarios

  1. Muy interesante Juanje. A ver si puedes ampliar un poco más este tema, sobre todo con el tema del tendón de aquiles. Hace tiempo empezó a dolerme. Me di cuenta que era culpa del calzado deportivo (usé unas zapatillas más tiempo de lo debido) y una mala técnica a la hora de correr. He mejorado en este sentido, pero llevo años con el problema. Ahora puedo salir a correr 2 o 3 veces a la semana, no demasiado tiempo, pero siempre termino con dolores.

    • Pues el tema del tendón de Aquiles no tiene tanto que ver con esto (el artículo trataba más el problema con los ligamentos) y es algo complejo. Quizás podría dedicarle un artículo al tema.

      También la casuística es variada. Aunque hay unas cuantas causas más o menos comunes, hay muchos factores (a veces por separado, a veces combinándose) que pueden llevar a ese tipo de lesiones.

      Pero una causa muy común para problemas en con el tendón de Aquiles es que el tendón no esté bien alineado. Esto suele pasar cuando no tenemos un pie fuerte que sea capaz de mantener el arco natural, cuando rotamos hacia afuera las puntas de los pies mientras corremos o cuando la rodilla no está bien centrada. Todas estas cosas son más síntomas, que causas, pero pueden derivar en dolores en dicho tendón al «sacarlo» de su punto de contacto natural con el hueso, aumentando la compresión contra el mismo.

      Si a esto le añadimos mucha tensión en el tendón debido a unos gemelos excesivamente cortos, una fascia plantar muy tensa, o algún problema con la cadena posterior, se puede agravar el problema.

      Pero, lo dicho, pueden influir muchas cosas más como el impacto de la actividad que se haga, la capacidad de absorción del tendón, una mala técnica que produzca la desalineación de la que hablaba antes, alguna cicatriz en el mismo tendón debido a lesiones mal curadas…

      Lo dicho, un tema más complejo, que depende mucho del caso y que da para uno o varios artículos 😉

      Un saludo y gracias por comentar, Juanjo 🙂

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